Belleza

Wanda Cáceres comparte cómo cuidar el cabello rubio

  • 6 julio, 2021
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Santo Domingo.- La coloración y el cabello rubio en general suelen estar siempre rodeados de mitos que nos impiden hacer esa transición que tanto deseamos o de interrogantes a las cuales nunca le encontramos una respuesta que nos satisfaga. Sin embargo, Wanda Cáceres, experta en el tema, nos aclara esas dudas y nos abre la mente a nuevas ideas para jugar con nuestro cabello.

Si aún no te atreves a dar el paso, aquí te dejamos las respuestas a las preguntas más frecuentes con respecto al cabello rubio. Es hora de que pierdas el miedo y te lances a un nuevo cambio. 

¿Cuáles condiciones se deben de tener si se desea un cabello rubio?

Si ya estas decidida con que tomarás el camino rubio, es importante observes tu cabello y llegues a la conclusión de si es capaz o no, de soportar este tipo de procedimientos. Wanda asegura que un pelo en condiciones óptimas será la mejor respuesta a esta interrogante. Sin embargo, si no es el caso de tu cabellera, la solución será prepararlo previo al color.

«El cabello es un enlace que se puede reconstruir y el que no se reconstruye, hay que cortarlo, no importa el color que tenga. El truco del cabello está en mantener los enlaces sanos», fue lo que dijo Cáceres.



Si mi cabello ya es rubio, ¿cómo lo cuido?

Es bastante común ver cómo muchas, a pesar de contar con el deseo de poseer una cabellera rubia, no dan el paso. Y es que no es de extrañar, ya que es muy sonada la excusa de que la decoloración puede perjudicar, en grandes medidas, a nuestro cabello. Sin embargo, Cáceres asegura que son solo dos factores los más importantes a la hora de cuidar un cabello rubio: la humectación y la hidratación.

No, no son la misma cosa. La humectación para el cabello se realiza a través de cremas y mascarillas, mientras que la hidratación se logra con productos que contengan una mayor cantidad de agua y que en comparación con el grupo anterior, sean más líquidos.

Otras preguntas frecuentes

  • ¿Cuáles tonos de rubio les sienta mejor a las pieles más oscuras y cuáles son mejores para las pieles más claras? Ajustar un rubio no tiene que ver con el color de piel, sino con el subtono de la piel. Es precisamente este el factor determinante para decidir cuál tono de rubio se le ve mejor a cada quien. Cada persona tiene un rubio que le ajusta. 
  • ¿Es posible conseguir el tono de rubio deseado desde la primera cita? Puede ser que sí o puede ser que no. Dependerá de la resistencia de tus pigmentos, de eso depende todo. Si tus pigmentos son resistentes, es decir, no salen tan fácil, obviamente te tomará más tiempo. Ahora si tus pigmentos salen fácilmente  se puede en una sola sección.
  • ¿Que tan a menudo debe ser retocado el color? Dependerá de tus actividades y necesidades. Las nuevas técnicas de coloración te permiten retocar tu cabello cuando desees, en un mínimo de 4 a 5 meses. Pero las nuevas técnicas, como son muy difuminadas, pueden dejarse un año si se desea sin retocarlo.

Un poco más sobre Wanda Cáceres

La experta en coloración inició su carrera dentro del mundo de la belleza en el 2007. Tras haber estudiado la carrera de psicología industrial y de realizar otros estudios en relación a esta profesión, es que descubre que su verdadera pasión es el mundo de la peluquería. El trabajo duro y la posibilidad que le brindaba de explotar al límite su creatividad, fueron factores determinantes en su decisión para dedicarse a esto.

«Siempre quería expresarme, me gusta la pintura, me gusta el arte, me gusta el dibujo, me gustan los colores. Entonces vi que dentro de la peluquería yo podía dedicarme a teñir cabello», afirmó la experta. 

Además compartió cuál es uno de los retos más grandes con los que debe de lidiar diariamente dentro de su profesión. Ella expresó: «el mundo del cabello es muy retador. Cuando vas a hacer una pintura, tienes un lienzo en blanco. En el caso del cabello tienes un lienzo de cualquier color y tienes que sacar una obra de arte de ese lienzo que está vivo, que tiene color y que se puede dañar».

Actualmente posee su propio salón de belleza en donde se dedica, entre muchas cosas, a la coloración. Bautizado bajo su propio nombre, el lugar se encuentra ubicado en Santo Domingo, en la Plaza Bolera, en la Av. Abraham Lincoln, esquina Av. Ingeniero Roberto Pastoriza.

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Quiero escalar en mi trabajo

  • 17 octubre, 2013
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PROMOCION1

Conseguir una promoción o un aumento en el trabajo es un momento importante en cualquier vida profesional. Pero, en una época en la que cada vez hay más demanda de trabajo sin necesariamente igual cantidad de oferta, conseguirla requiere más que cumplir que con las responsabilidades de tu puesto actual.

Oscar Goldman, autor de “Técnicas y estados mentales para mejorar tu productividad en el trabajo” habla primero de saber lo que se quiere. Establecer metas claras es primordial para comenzar a lograrlas. Así, debe aspirarse a más que una promoción. Goldman habla de saber a qué posición se quisiera ascender y a conocer las responsabilidades e implicaciones del puesto.

Saber lo que se quiere también significa estar conscientes de si en realidad hay oportunidad de crecimiento en tu lugar de trabajo. No todas las posiciones, ni todas las oficinas, tienen espacio para avanzar.



Una vez bien definida tu meta, lo que le sigue es empezar a trabajar por ella. Demuestra que eres capaz de cumplir con las responsabilidades de ese nuevo puesto y sobre todo, asegúrate de que te estén observando. Aunque no se puede hacer un buen trabajo sólo cuando te estén viendo, para cumplir tu meta debes estar en la mira de las personas correctas.

Para eso, podría ayudarte tener un mentor o crear una relación más estrecha (pero siempre profesional) con tu superior. Demuestra que tienes ganas e interés de trabajar, ofrécete para actividades o tareas voluntarias, sé la primera en llegar y la última en irte (sin necesidad de lastimar demasiado tu vida personal) y preocúpate por saber cómo evalúan tu desempeño.

Finalmente, lo más importante es la comunicación. Tus superiores deben estar conscientes de que buscas una promoción, y si no lo dices, no está en su deber saberlo. Así que conversa con ellos, aplica a posiciones internas y mantén los ojos abiertos.

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¿Vale la pena hacer una maestría en el exterior?

  • 1 octubre, 2013
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Según estadísticas del Banco Central, la tasa de desempleo en República Dominicana es de un 14.3%. Esto no excluye a profesionales dominicanos, quienes una vez graduados de la universidad y preparados para embarcarse en la siguiente etapa, se encuentran con que el mercadeo de empleo está copado, o manejado por el tráfico de influencias.

Eliset Rodríguez, recién graduada de una maestría en Administración en universidad de Estados Unidos, admite que es difícil encontrar empleo en su área con el sueldo que su preparación amerita. “No soy la única”, agrega, “muchos de los que volvieron conmigo luego de terminar su maestría están en la misma situación.” Es como si no hubiese espacio en la economía para quienes quieren hacer un buen trabajo.

Combinado con las complicaciones del sistema estatal de becas para maestrías al extranjero, o la inversión que implica en caso de no optar por una educación subsidiada, el panorama no luce bien para la educación superior más allá de la licenciatura. Aunque se aprecia el valor de esta titulación, muchos se cuestionan si vale la pena a largo plazo.



Para Rodríguez, la experiencia académica que se obtiene es tan importante como la titulación. “Conocimiento y experiencia van de la mano”, aclara. Para ella, hay que determinar primero lo hasta dónde se quiere llegar como profesional y luego saber qué oportunidades decidirás aprovechar.

John Green, autor estadounidense de novelas para jóvenes adultos (“Bajo la misma estrella”) y videoblogger, aporta una perspectiva interesante al tema, propone que las cosas que valen la pena no se miden sólo por la retribución económica, sino por la oportunidad que ofrecen de maximizar tu nivel de satisfacción tanto profesional como personalmente.

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¿Compañeros de trabajo o amigos?

  • 17 septiembre, 2013
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Anne Perkins y Leslie Knope de Parks and Recreation son compañeras de trabajo y mejores amigas en Parks and Recreation. (Foto: NBC)
Anne Perkins y Leslie Knope de Parks and Recreation son compañeras de trabajo y mejores amigas en la serie de TV. (Foto: NBC)

Cuando estaba en el colegio, tuve un trabajo de medio tiempo en una sala de tareas. En ese tiempo, también andaba mucho con una amiga del colegio y tras unas semanas, ella empezó a trabajar en el mismo sitio. Al principio, todo iba bien, era mi mejor amiga y podíamos comer juntas y jugar con los niños. Al principio, todo iba bien.

Pronto después del ‘principio’, mi amiga/compañera de trabajo empezó a agobiarme. A veces hacía mal su trabajo (y sus tareas en el colegio) y me tocaba ayudarla o hacer las cosas por ella. Quería seguir siendo amiga de esa persona, así que terminé renunciando al trabajo a los pocos meses.

En su defensa, era un trabajo horrible y todavía estaba en el colegio, así que probablemente sólo estaba buscando una excusa para dejarlo. Pero trabajar con mi amiga no ayudó mucho la situación. Muchas veces pasa lo mismo cuando no traemos amigos al trabajo, pero creemos que los hacemos en la oficina.



Para Maureen Henderson, de la revista Forbes, no se pueden formar amistades reales con los compañeros de trabajo (o en mi caso, hacerte compañera de trabajo de una amiga). La naturaleza competitiva del ser humano, y el sistema de jerarquía en la oficina dificulta tener una amistad en la que se pueda discutir abiertamente de temas que fuera de contexto podrían poner tu futuro profesional en peligro.

Por otro lado, un estudio de la Universidad de Lancaster del Reino Unido establece que las mejores amistades que se tienen en la vida adulta, se crean en el lugar de trabajo. Y tiene sentido. La proximidad es uno de los factores que promueven la interacción social y tus colegas no sólo son cercanos porque comparten cubículo o el mismo piso, a veces también lo son en el sentido de que están en tu misma posición o comparten las mismas ambiciones.

Quizás Henderson tiene razón cuando habla de que no se pueden crear lazos íntimos con la competencia, pero también es cierto que nadie entenderá los problemas de la oficina, o las frustraciones con tu jefe, o simplemente lo mala que es la comida de la cafetería, como alguien que vive lo mismo que tú.

Henderson dice que tener una ‘relación de iguales’ con quien es responsable de tu salario, o viceversa, es prácticamente imposible. Igualmente con un compañero que hace lo mismo que tú en el trabajo. Pero hay que insistir: también es imposible no encontrar algo en común, algo que te vincule, con un grupo de personas con las que pasas más de 40 horas en un mismo espacio. Y eso no tiene que ser algo malo.

Superar la disputa competencia-amistad quizás se trate de ver el trabajo de oficina más como un esfuerzo de equipo que como una selva donde se salva el que pueda. Hay que pensar que todos están en un mismo barco, y si se va abajo, es mejor hundirse con amigos.

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¿Debo renunciar a mi trabajo?

  • 9 septiembre, 2013
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OLYMPUS DIGITAL CAMERAEl cambio es bueno. El cambio es malo. El cambio es difícil. El cambio es imposible. El cambio es inseguro. El cambio es necesario. Lo que da miedo de las decisiones es la inevitable transformación que les sigue. Por eso, a veces las evitamos hasta que más no podamos, en especial, cuando se trata de una decisión tan trascendental como lo es renunciar a tu empleo y dejar de recibir un ingreso económico o cambiar el enfoque de tu vida profesional.

Sin embargo, hay señales y comportamientos que puedes comenzar a observar en ti misma que deben hacerte reflexionar sobre el lugar dónde te encuentras, y sobre si llegó el momento necesario de hacer un cambio:

Si estás desarrollando proyectos profesionales propios: un empleo es una buena zapata mientras tu proyecto propio avanza, pero llegará el momento en que no podrás correr al máximo con ambas cosas. Ese será el momento de reflexionar en cuál de los dos está tu verdadera ambición.

Si sientes que no avanzas: sea que ya no admires a tu jefe, pues no te parece que te reta a lograr resultados, o si sientes que llegaste al límite de tu crecimiento en esa empresa, si te sientes estancada en el trabajo, quizás es tiempo de buscar mejores opciones.



Si no te sientes cómoda: si las morales del trabajo que realizas son dudosas, o van en contra de tus convicciones, recuerda que no dejas de ser fuerte por querer marcharte de un empleo porque tienes escrúpulos o una consciencia, o simplemente porque no estás de acuerdo con la visión. No es que seas débil, es que eres humana.

Si no cumple con tus necesidades: si has invertido tiempo, esfuerzos y recursos propios pero no te sientes satisfecha con los resultados o la compensación, no te sientas obligada a sacrificarte. Se trabaja para vivir, no al contrario; nadie puede hacerte sentir culpable de exigir más. 

Si no eres feliz: si lo que estás haciendo es una carga, no le haces un favor a nadie quedándote en un lugar porque crees que es ‘tu deber’. Tu vida laboral ocupará un gran porciento de tus horas despiertas, no las malgastes en hacer algo que no te satisface.

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Soy la única mujer en mi oficina

  • 16 julio, 2013
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No le gustaba su nuevo trabajo a Lucía. No le pagaba tanto como le hacía falta, las tareas eran demasiadas, los jefes le habían reducido el tiempo de almuerzo a media hora y  era difícil acostumbrarse al ambiente.

Se sintió intimidada al principio. Sabía (o al menos creía) que era buena en lo que hacía, y no se asustaba fácil ante los retos ni la gente nueva. Pero el círculo de ‘los veteranos’ de la oficina parecía un poco cerrado. Era como si fueran un “club sólo para varones”, y de hecho, Lucía era la primera mujer que pasaba a formar parte del equipo.

«Fue difícil acostumbrarse a los chistes pesados», dijo. Tuvo que aprender a no ofenderse todas las veces que le decían que le harían un favor a cambio de sexo.  Se vio forzada a hablarles en el mismo lenguaje y a formar parte de las ‘bromas’ de mal gusto. “Si me hacían un chiste colorao’, yo respondía con otro escarlata”.

Trabajó en el lugar por tres años, más por necesidad que por amor al oficio. Terminó encariñándose (ni modo) con sus compañeros a pesar de los comentarios sobre su apariencia, las insinuaciones con ánimo de ofensa sobre sus preferencias sexuales y a pesar de que tuvo que frenar ‘los relajos’ más de una vez.



Aunque fueron muchas cosas las que al final la hicieron irse por una mejor oferta, el ambiente fue “una de las cosas por las cuales no volvería.”

Afuera, le daba vergüenza hablar de cómo se sentía en su oficina. Pensaba (o sabía) que no la iban a tomar en serio, que la iban a calificar de ‘melodramática’. Después de todo, en materia del trabajo, se sentía como parte importante del equipo y con frecuencia le eran asignadas tareas especiales. De seguro, pensaba, los chistes no tenían nada que ver con que era mujer sino con que simplemente era ‘una más entre los chicos’.

Así funciona siempre: cae sobre la mujer la responsabilidad de ‘aguantarse’, ‘entender’ y ‘aprender’. Aguantarse las ofensas, ‘entender’ que así son los hombres y ‘aprender’ a quererlos. 

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) la proporción de empleo por género es de 49.1% de mujeres frente a un 74.3% de hombres. El proceso del posicionamiento de la mujer en el mundo laboral ha sido un esfuerzo que ha atravesado siglos y que avanza con lentitud.

Aunque los frutos de este esfuerzo no han sido pocos, todavía queda mucho por avanzar cuando se considera que como Lucía, más de cuatro de diez mujeres dicen que se han sentido discriminadas en su lugar de trabajo al menos una vez.



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