Mujer 2.0

No eres la √ļnica: ‚ÄúCompra por Internet‚ÄĚ

  • 5 octubre, 2018
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En @RevestidaMag, hemos creado esta columna inspirada en situaciones reales que han pasado algunas de nuestras lectoras. Cada entrega, tendr√° una historia, contada desde el punto de vista de sus protagonistas y envueltas en algunos detalles de redacci√≥n de nuestro equipo. Esperamos que te identifiques con algunas de ellas y si tienes otras que contar, no dudes en hacernos parte de tu forma de recuerdo. Env√≠ala a editora@revestida.com… Solo develaremos tu nombre, si as√≠ lo quieres. Cu√©ntanos, ¬°todas tenemos alguna an√©cdota que mueve las emociones!

La razón de mi anécdota

Se acercaba la boda de una buena amiga y todas las conocidas en com√ļn solo hablaban de sus respectivos vestidos para lo que ser√≠a esa gran noche. En cada conversaci√≥n, me preguntaba mentalmente: ‚Äú¬ŅY qu√© diantre me ir√© a poner? Imaginen, deb√≠a ser algo fino, elegante, a la moda; pero que no cayera en recargado ni ostentoso. Justo ah√≠, comenz√≥ mi traves√≠a de ‚Äúdetective privado de ropa al alcance de mi bolsillo‚ÄĚ ‚Ķ Faltaba a√ļn un mes, por lo que ten√≠a tiempo suficiente como para estructurar mi mapa de rutas para llevar a cabo dicha investigaci√≥n.

Comenc√© a orientar conversaciones que me permitieran obtener nombres y recomendaciones de tiendas donde pod√≠a encontrar un vestuario c√≥modo, algo exclusivo, que fuera una belleza y que no me dejara tuerta. Es decir, que no tuviera que donar ninguno de mis ojos para poder costearlo. Por lo menos, cada semana obten√≠a dos nombres de tiendas o boutiques que luego visitaba. Como todo detective de serie de Netflix, ten√≠a una peque√Īa libreta en donde iba haciendo las anotaciones y el progreso de mi investigaci√≥n. Puedo decir, que gracias a esto descubr√≠ nuevas calles de la ciudad que en mi vida hubiera conocido, nuevos negocios y hasta conoc√≠ un gran grupo de mujeres emprendedoras que ten√≠an sus propios talleres o que exploraban los mercados del mundo buscando piezas para revenderlas.



El vestido perfecto

A veces entraba a esas tiendas toda decidida, emocionada hasta que‚Ķ preguntaba el precio. ‚ÄúRD$59,400‚ÄĚ, me respondi√≥ una vendedora cuando le pregunt√© el precio de un vestido rojo que hasta ese momento lo llam√© ‚Äúel perfecto‚ÄĚ. Creo que tragu√© en seco tan duro, que los otros clientes que en ese momento estaban presentes lo escucharon y seg√ļn yo y mis adentros, se voltearon a mirarme. Me sent√≠ ser la lombriz en un gallinero. Solo atin√© a decir: ‚ÄúD√©jame prob√°rmelo‚ÄĚ ‚Ķ pero mientras caminaba al vest√≠bulo ya estaba convencida de que no valdr√≠a la pena hacerlo. Ese era un precio que solo pod√≠a pagar si tomaba un pr√©stamo‚Ķ y claro, si enloquec√≠a.

Y antes de llegar el final de mi estad√≠a en esa tienda, ya hab√≠a maquinado cu√°l iba a ser esa respuesta que justificar√≠a ante la vendedora mi raz√≥n de no concretar aquella compra ¬°sin nunca revelar el estado poco an√≠mico de mi bolsillo!: ‚ÄúMuy lindo‚Ķ pero me queda algo estrecho‚ÄĚ. ¬°Mentiraaa! Era el m√≠o‚Ķ me quedaba fenomenal. JLO era simplemente una desali√Īada delante de m√≠. Estaba de ir hasta a los Golden Globes, ¬°que boda ni boda! En ese vestido yo era una diva, una personalidad‚Ķ pero mi cartera, mis cuentas por pagar ni mi bolsillo pudieron comprenderlo.

Despu√©s de ah√≠, sal√≠ a ver que conspiraba el universo conmigo. Y bueno, creo que de ser por el universo yo hubiera sido la Cenicienta, porque mi reloj nunca marc√≥ las 12:00. O sea, ¬°nunca vi nada que me gustara y que pudiera comprar! No s√© por qu√© mi gusto se antoj√≥ de tallas en las que no cab√≠a o de vestidos que no pod√≠a pagar. ‚ÄúQue bello est√° este, mira‚Ķ puedo comprarlo‚ÄĚ, me dec√≠a a m√≠ misma y cuando miraba la talla; para caber ah√≠ simplemente ten√≠a que ser una firme partidaria de padecer anorexia. ¬°Por qu√© los vestidos hermosos son para mujeres que la vida nunca les ha ense√Īado que todo el que come harina engorda!, gritaba al cielo como si se trataba de una escena de novela mexicana en donde a la protagonista se le acaba de morir su mam√°. Con todo y r√≠mel chorreado.

Otras formas de obtener un vestido para ir a una boda

En fin, entre conversaciones, alguien me habl√≥ de alquilar un vestido‚Ķ as√≠ podr√≠a estar fabulosa, sin tener que gastar una fortuna. Fui a varias‚Ķ pero ah√≠, mi gusto tambi√©n me jug√≥ chueco: todos los vestidos que me gustaban segu√≠an estando a un precio elevado; sobre todo, si recordamos que deb√≠a devolver la pieza a los dos d√≠as. Solo me dec√≠a: ‚ÄúPero para dar este monto por una pieza que al final tengo que devolver, mejor me lo compro y me quedo con ella‚ÄĚ ‚Ķ Lo que se traduce al dicho ‚Äúque la operaci√≥n fue un √©xito, pero se muri√≥ el paciente‚ÄĚ.

As√≠ fue como, una amiga luego de decirme ‚Äúdesactualizada y poca moderna‚ÄĚ me motiv√≥ a buscar y comprar mi pieza por Internet. ‚ÄúPor supuesto, ¬°c√≥mo no lo pens√©!‚ÄĚ, parad√≥jicamente pens√©. Pero, esperen‚Ķ yo nunca hab√≠a comprado nada por esa v√≠a. Y ya no pod√≠a preguntarle a mi amiga, porque si hizo un drama por qu√© le dije que solo hab√≠a buscado en tiendas f√≠sicas, imag√≠nense si le dec√≠a que nunca hab√≠a explorado Internet dentro de mis compras‚Ķ Itat√≠ Cantoral, y la escena de maldita lisiada, era poco exagerada ante la algarab√≠a que ella har√≠a. Por eso, mejor me fui a ver tutoriales en YouTube y bueno, me decid√≠ a hacerlo. Siempre, cuidando que mi amiga no se enterara de que era una novata‚Ķ una vil novata.

Vi bellezas muy caras, otras a buen precio; pero al fin, ten√≠a en mi lista de deseos tres hermosos vestidos y solo pensaba ‚Äú¬°esto es incre√≠ble, cu√°ntas opciones, cosas lindas y que puedo pagar‚ÄĚ! Estaba emocionada, feliz. Y lleg√≥ la hora de pasar esos vestidos de solo un deseo, a una venta final. Y mientras hacia clic para completar el pago, me sent√≠a airosa, ganadora‚Ķ tres vestidos ¬°por lo mismo del alquilado y eran m√≠os!!! Mis carcajadas parec√≠an de una bruja, cuando el hechizo le resulta‚Ķ

Bueno, tras mi haza√Īa, estuve feliz toda la semana. Ya no ten√≠a qu√© pensar en volver a salir, a caminar y ver tiendas‚Ķ con tanta felicidad, era de esperarse que ten√≠amos que juntarnos Ana y yo, para mostrarle mis vestidos, la compra inteligente que hice‚Ķ y claro, estaba loca por decirle ‚Äúy esooo, que es mi primera compra por Internet‚Äô, pero por razones que ya conocen obviar√≠a esa parte.

¬ęFue m√°s la sal que el chivo¬Ľ

Fuimos y nos tomamos unos caf√©s y unas cuantas chucher√≠as que dieran energ√≠a para chacharear toda la tarde. Cuando decidimos irnos, solo pens√© que la cuenta la deb√≠a pagar yo porque, total, hab√≠a ahorrado un dineral en las compras de esos vestidos. As√≠ que le dije con seguridad, ‚Äú¬°deja, que yo invito!‚ÄĚ, mientras apartaba la mano de ella de su monedero, cuando intentaba buscar dinero. Un minuto m√°s tarde, me dice el cajero: ‚ÄúSe√Īora, la tarjeta es rechazada, al parecer no tiene fondos‚ÄĚ ‚Ķ ‚Äú¬ŅC√≥mo que no?, claro que s√≠, p√°sala de nuevo‚ÄĚ, le dije pregunt√°ndole mentalmente ‚Äúy t√ļ, ¬Ņqu√© te ha llegado a creer al decirme a m√≠ que mi tarjeta no tiene, jum‚ÄĚ. ‚ÄúNo, no pasa‚ÄĚ, volvi√≥ a recalcarme con una cara que me dio a entender que ya esto era una revancha personal. ‚ÄúEspera, entonces‚Ķ voy a llamar al banco‚Ķ porque no puede ser‚ÄĚ, le dije. Estaba decidida, de mostrarle a ese que yo no era una pobretona, que era mentira que mi tarjeta, mi √ļnica tarjeta, estaba vac√≠a‚Ķ ¬°pero ven ac√°, oh oh!.

Bueno, llam√© y habl√© con el asistente del servicio al cliente del telebanco‚Ķ y cuando le cuestion√© que por qu√© me dec√≠an que no ten√≠a fondos, casi acalorada e indignada, me dijo: ‚ÄúUsted incluso est√° sobregirada‚Ä̂Ķ y yo ah√≠ ya si que no aguant√©: ‚Äú¬ŅSobregirada, yo?‚ÄĚ, pregunt√© en shock y agregu√© ‚Äúeso fue que me clonaron la tarjeta‚ÄĚ. Y ah√≠ vuelve a salir la voz masculina: ‚ÄúBueno, se√Īora, veo que su √ļltima compra fueron tres vestidos por un valor de 1,500 d√≥lares cada uno‚ÄĚ ‚Ķ ‚Äú¬°¬ŅC√≥mo?!, ¬Ņusted dijo D√ďLARES? ¬ŅEsos precios NO eran en pesos?!! Justo ah√≠ colgu√© la llamada, con las manos temblorosas, con la boca abierta y ojos sobresaltados‚Ķ nerviosa y con el sentimiento de que no superar√≠a esta quiebra‚Ķ s√≠, mi compra fue por equivocaci√≥n cuantiosa.

No obstante, si me preguntan qu√© fue lo peor de mi experiencia y novatada les digo que al final tuve que contarle todo a Ana‚Ķ tantos tutoriales en secreto, para nada. ‚ÄúSolo a ti se te ocurre no preguntarme‚ÄĚ, dec√≠a ella mientras pagaba los caf√©s. As√≠, mientras ella hac√≠a su drama… yo mor√≠a.

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