Volando al ras

Poema: Saldo

  • 8 octubre, 2015
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Sufro. Ya no estás, ya te fuiste,
pero no me importa, porque te gocé.
Te gocé, como se gozan las cosas ricas e intensas.
Te bebí de un solo sorbo y te vuelvo a consumir cada vez que te recuerdo.
 
¡No me importa!, pues te amé como solo aman los locos,
los neuróticos, los desterrados y los obsesivos.
Anduve cada esquina de tu cuerpo, me revelé en el pico más alto de tu anatomía
y desde allí, me lancé al más escandaloso de los abismos.
Hambrienta, me desbordé por tus contornos,
me enjuagué la boca con el rumor de tu saliva,
y saboreé todos tus gritos, los finos y los sordos.
 
¡Sí! Ahora lloro, pero el olor de tu obsesión empedernida
se retuerce en cada espacio de mi casa,
¡sí!, te bebí, ¡sí! te derroché como si sobraras,
te toqué ahí, donde nadie sospechaba que había agua,
y desaté todos tus nudos, y desenvolví tu espalda.
Poco me importa si el llanto me recorra las sienes, o si la cordura me abandona, despiadada.
 
No estás, pero tu impronta se hizo eterna.
Tu melodía me resuena, tu carcajada me persigue
y tus motivos me manejan.  ¡Qué importa que ya no estés!,
si un equivalente de tu pecho me late entre las costillas
si de mi pelo se desprenden bosquejos de tu sonrisa,
iluminando las rutas donde tu memoria habita.
 
¡Qué importa!, si te amé, si puedo morir mañana y me moriré completa,
muero con la boca llena, de tu palabra, de tu canto.
Si puedo presumirte mientras muchos te ignoran,
¡o peor!, ni te imaginan. No pueden ni concebirte como idea.
Pobre de los idiotas, que por no saber dar contigo
deambulan en una vida prestada, una vida de sonidos amorfos
huecos y saturados de vacío.
 
No estás, amante mío, pero eso ya no importa.
Si tanto te recorrí, que cuando camino te encuentro y me pierdo
mientras muero aquí, ansiosa de tu memoria, poseída por tu aroma.
Malditos los que no te saben, idiotas quienes solo te sospechan
Dichosa yo, que te tuve y te gocé
y te llevo como arete, prendido de mis orejas.
 
© Derechos de Autor Gnosis Rivera.-

Volando al ras

Relato: Me estoy enamorando de ti…

  • 9 abril, 2015
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(secuencia de Quiero Conocerte)
Lucía parecía ser ese tipo de mujer independiente, que se siente muy cómoda y feliz en su propia piel. Era una atractiva mujer soltera de 34 años, que se dedicaba a asesorar empresas en materia de administración y manejo de capital humano.  Esta actividad la llevaba a viajar mucho, pero solo fuera de la ciudad, a provincias. Se sentía feliz con la vida como la llevaba. Había tenido algunas parejas ocasionales y solía divertirse, pero hasta ahora, ninguna de estas relaciones habían despertado dentro de ella esa voluntad de querer amarrarse, como solían decirle sus amigas a eso de casarse. Se sentía tan cómoda con su libertad, y con la forma en que manejaba sus horarios, que no veía el amor en su horizonte más próximo. Que las recientes salidas con Andrés hayan cruzado la línea de lo divertido, no significaba que ese horizonte, sobre el cual se sentía en perfecto control, fuera a cambiar.  O al menos, eso creía.
 
Eran ya las ocho de la noche.  Andrés pasaría por Lucía dentro de los siguientes quince minutos. En el último mes y medio, ya habían salido tres veces.  En el más reciente encuentro, él depositó un beso en sus labios. Pero no fue un beso de esos que Lucía había recibido antes. Andrés la besó de una forma muy mesurada, como si hubiera ensayado ese beso por días, como si temiera romperla, o más bien, como si saboreara el gusto de su boca. Se tomó su tiempo.  Ese beso había sido como una caricia. Y mientras la besaba, Andrés había colocado su mano derecha en el codo de Lucía, deslizándola lento y suave por su antebrazo. Cuando Lucía empezaba a levitar por el beso, el solo se despegó de su boca y pronunció lo que pareció ser un quieto suspiro, seguido de un «buenas noches».  Ella sonrió y así se despidieron.
 
Para esta cita, la cuarta, Lucía se reconoció inquieta y eso no le había pasado en sus citas anteriores. Había invertido más tiempo de lo usual en elegir atuendo.  Esta vez decidió llevar un vestido ligero de verano, con tirantes estilo spaguetti, que dejaban sus hombros al desnudo y le hacían gracia a sus clavículas. Las sandalias que eligió eran de taco mediado.  Andrés era mucho más alto que ella, pero con algo de esfuerzo podía igualarlo en tamaño. En cuanto al maquillaje, Lucía nunca gustó de usar mucho, pero esta vez se estusiasmó con algo de luz para sus ojos, aplicando una delicada y sinuosa sombra verde en sus párpados. Algo de brillo labial y el pelo suelto.  Andrés parecía fascinado por su pelo y Lucía se había percatado de ello. Se sentía vanidosa y poderosa de saberlo, aún sin ser una chica presumida, Lucía se sentía grande al lado de él y esa sensación le gustaba.  Desde la calle, el sonido del claxon anunció la llegada de Andrés.  Era la hora de bajar a su encuentro.
 
Andrés llegaba puntual a la entrada del edificio donde vivía Lucía, la mujer que se instaló en su cabeza hace casi tres meses. Él recordó con placer el primer encuentro. El de verdad. Una cita de verdad. Así le había dicho cuando por fin se animó a confesarle que deseaba conocerla.  Esa noche se sentía nervioso. Como los adolescentes suelen sentirse al conocer a una chica que les gusta.  Lucía resultó ser todo eso que imaginó y mucho más. La llevó a un restaurante de la ciudad, uno tranquilo, pero concurrido.  No queria asustarla en un ambiente más íntimo. Sentados en la mesa, él se deleitaba por la forma en que ella movía las manos, como gesticulaba mientras hablaba, la forma en que su pelo parecía tener vida propia y los bucles bailaban locos por sobre sus hombros.  Andrés había descubierto en Lucía a una mujer repleta de ideas, era inteligente y coherente. Todo en ella era fresco y vibrante. El la escuchaba y su hambre no se saciaba.
 
Observó como Lucía bajaba por las escaleras.  Parecía un angel trigueño y la falda de su vestido se mecía de una forma tan sensual, que parecía hacerle el amor al viento. Justo como él le hizo el amor con los ojos, mientras ella devoraba su plato la vez de la primera cita. Ese día, se convenció de que no podría dejar de verla. Y por eso, al concluir la cena, caminaron tranquilamente por la ciudad, conversando de mil temas.  Andrés pensó que con Lucía los temas no se acaban.  Resultaba tan delicioso el sonido de su risa descarada, que le parecía casi narcótica. Y es que cuando Lucía encontraba algo gracioso, se reía de una forma tan natural y desprovista de verguenza y eso a Andrés le producía una exitación desconocida hasta entonces.
Andrés salió del auto y lo rodeó para poder abrir la puerta a Lucía, que coqueta, se detuvo a pocos centímetros de él y le sonrió.
– Buenas noches, Andrés… – le dijo, mostrando su perfecta dentadura y su alegre sonrisa.
– Buenas noches, Lucía…. – respondió Andrés
Ambos se miraron un segundo.  Uno en el que Andrés se metió en sus ojos y por ellos pareció perderse, embobado. Enamorado. Andrés se estaba enamorando de Lucía. Irremediablemente. Lucía sonreía. Le gustaba verlo, y se gustaba a sí misma cuando estaba con él.
Esa noche, Andrés se dirigiría a una nueva etapa en sus sentimientos y descubriría que, si nunca le era suficiente de Lucía, tendría que hacer algo distinto a lo que había hecho hasta este momento.
Continuará…

© Derechos de Autor Gnosis Rivera.-

 

Volando al ras

Poema: Egonía

  • 1 abril, 2015
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Mi caminar es pausado,
lerdo, de muerte.
Voy despacio, pues la vida me pesa.
destilo sudor frio…
me cobijo bajo el manto de otros,
y sus dolores me hacen sombra.

Los ayeres pesan demasiado,
quise cargarlos por trozos, uno a uno,
pero se agruparon en huelga, tras la puerta,
en mi presente.

Veo con miedo macabro
la manilla que se mueve,
personajes oscuros amenazan con abrir mi puerta.
Presionan.
Empujan.
Hacen sonidos de viento,
enreversados, grises y de lamento.
Hago mi esfuerzo, pero no comprendo.



El miedo me pudre los huesos,
mis dientes tiritan, y sin querer
muerdo mis labios,
Mi sangre sabe a miel con sal,
me fui amargando sola,
sin apenas darme cuenta.

Me abrazo…
he de acompañarme sola, como lo hice siglos atrás…
como feto, me someto
a la presencia de mis propias miserias,
y voy socavando de mi vientre
un pegote de promesas rancias.

Mi esperanza está en ciernes,
plagian las alegrías y a
borbotones amenazantes, como caldos gruesos
en los calderos de las doñas….
se rie en mi cara,
me escupe,
me esparce sus heces…
he de ser mejor, por ella
pero intento, y no me deja
me ha gritado que nunca podré
y me tapo los oidos, como lo hacen los locos,
ya no quiero oirle más!

Ya la sangre de mis labios cuajó
La herida hizo postilla, y
ahora parece una mosca,
Me da miedo mirarme al espejo,
descarado, me devuelve monstruos
y no me permite las risas….
cuando sí, son de desquiciados y abyectos
todos a mi burla, todos a mi mofa….

En mi propia cara, el celo
en mi semblante, la angustia!
y una carátula de duda se me instala en el pecho,
me susurra voces…me convence de cosas,
y me hace lubricar imágenes perversas e increibles.

¿Y he de quedarme así,
enquistada en mi ego más estéril,
hasta que la muerte venga a recogerme
y me haga caminar sobre loza caliente?
…No lo se. ¿Será?

 

© Derechos de Autor Gnosis Rivera.-

 

 

 

 

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Poema: Viento

  • 19 marzo, 2015
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Viento

Fotografía de Oleg Oprisco 

El viento tiene tu aroma…
abro la boca, y en mis papilas te salivas,
me sabes a miel y sal mezclados.
Hueles a lluvia de tres de la tarde,
sobre mi asfaltado vientre
de hojas tupido.

Del viento tu voz recibo,
portentosa y ronca,
la escucho susurrar entre mis piernas
y me calienta la vida…
Ella me transporta al Edén
donde Eva desnudó sus costillas.



Yo, que antes me creí sorda,
me descubro caminando por inviernos de granizo!
los oigo rebuznar bajo mis plantas,
y me cortan, más no sangro…
Salen de ellas mariposas púrpuras,
cada una con una oruga en la mano!

En el viento, tus risas escondidas,

se han fugado por el aire. 
Y de él me bebo tus besos, 
que pendulan presurosos
y se sostienen de nubes. 
Por sobre ellas me sujeto y me resbalo 
y sobre tu espalda caigo, de bruces…

Levito como pluma…
Del viento tu caricia y tu beso,
esos que me bebí, hace párrafo y medio
Sobre tu viento me meso y fallezco
y en tu mismo viento,
ese que me despeina,
despierto. 

© Derechos de Autor Gnosis Rivera.-

Volando al ras

Poema: El otro lado de tu voz

  • 6 marzo, 2015
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En ocasiones, tu voz se convierte en daga
y hiere… y corta…
Cobra mi sangre, como si fuera el precio acordado,
por darme tú el amor, ese que mío reclamo, del que, soberbia,
me creo más que merecedora, dueña.
 
Entonces me revelo en llanto. 
Y resuelvo llorarte hasta volverte mudo.
Y terminan supurando desde mí, 
los más amargos borbotones de angustia. 
La más gruesa de las gotas.
Gotas de dolor y de pesadumbre. 
 
En ocasiones, tu voz se vuelve suavemente hiriente.
Y como cristal diminuto, 
te incrustas en la dermis de mi sensible corazón. 
Y mientras más chico, más hondo se instala tu trocito de voz. 
Ese cristal transparente me susurra… se clava y corta. 
Me hace aristas perversas, que más tarde acariciarás
con tu otra voz, la de la ternura y la del perdón,
la de la dicha y el consuelo.
 
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Y aún en tu voz de duelo, 
te amo.
Te voy amando mientras duele…
mientras corta…
mientras resuelvo llorarte.
Y callo…no porque no pueda hablarte…

es que tu voz ocupa el espacio,
ese que gravita entre la herida y la ofensa,
entre el perdón que preparo
entre el consuelo que espera.
Tu voz, sale de ti y nos gobierna
y a los dos nos quiebra.
 
En ocasiones, tu voz se vuelve silencio.
Silencio de horas que lucen como semanas.
Silencio de calma espesa…
Silencio repleto de grito…y debajo de ese grito…nuestro amor…la paciencia,
y el voto de amarnos, 
muy a pesar de tu voz.

En ocasiones, tu voz me mata, 
me rompe en dos mitades obtusas…
y a la siguiente ocasión, me estás armando los pedazos…
Volviendo enteras las mitades, me otorgas más que un cuerpo.
Me das dos…uno para dolerte y otro para amarte.
 
En ocasiones tu voz…y otras…
otras veces, también…
siempre tu voz.
 
© Derechos de Autor Gnosis Rivera.-

Volando al ras

Poema: Aparece

  • 4 marzo, 2015
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Aparece

Fotografía de Oleg Oprisco

Puedo sentir tu presencia,
se que existes, pero, ¿dónde estas?
Te amo, mucho te amo,
pero, no te conozco!

Puedo adivinar todo lo que haríamos juntos!
todo! las caricias, las canciones!
Los azules y los malvas…
la comida, el vestido!
puedo verlo todo!



En mi pecho siento el peso de saberte!
casi puedo tocarte…
Y así, te he amado muchas noches!
tantas! que no recuerdo número.

He construido muchos sueños al lado tuyo,
pero no apareces.
 

Ven!, ven antes que el desencanto
se instale en mi casa, y llene con sus cosas
la despensa.
Ven!, porque es duro,
esto de hacerme a la idea,
que solo existes en mi mente.

Deberás aparecer y mostrarme
que ni tan loca he sido, que te he concebido,
que existes y que lo haces, solo para mi.
Ven!

© Derechos de Autor Gnosis Rivera.-

Volando al ras

Poema: Antes de amarte…..

  • 2 marzo, 2015
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Antes de amarte déjame contarte de mis espinas
como adornan mis esquinas y me hieren todavía;
pero también tengo rosas. Si te acercas solo un
poco podrás ver que soy hermosa
solo que no lo sabía.

 

Antes de amarte déjame mostrarte mis demonios, mis motivos y
mis incordios.  Quiero que veas mis sueños, mis dolores, mis anhelos.
Que sepas que yo he llorado, pero igual sé de alegrías. Que sé de la lejanía,
de la distancia que empapa, de la comezón del alma cuando sola se imagina.
 
Que he sorprendido las noches bañándome en un recuerdo
de algo que yo pensé cierto, pero me quedé colgada, con mi alma enamorada
sin saber lo que ocurría.  La mentira se metía lentamente por mis huesos
y la ilusión me escupía en mi cara sus deseos.
 
Quiero contarte que amo, que suspiro y que aún espero.
Que mi cuerpo tiene frío y por dentro prende fuego.  
Antes de amarte te cuento
porque quiero que te enteres que padezco de la ausencia de un amor
que no es presencia, y tú que ahora te asomas, pienso quizá no comprendas.
 
Que no conozco pedazos, que sólo se darme entera.  Y que sufro de ese mal
de compartir por completo lo que siento y lo que pienso. 
Que si decides amarme
quizá duelan mis espinas, más te juro que en mis rosas hallarás la vida misma.


© Derechos de Autor Gnosis Rivera.-



Volando al ras

Reflexión: Enamórate de alguien

  • 1 marzo, 2015
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Enamórate de alguien que te invite a curiosear, a indagar; alguien que te provoque tema de conversación. Alguien que te inspire crecer, ser mejor.

Alguien que te estimule nuevas ideas.



Enamórate de alguien que te motive a desarrollar proyectos.

Alguien que te llene de propósitos, de planes.


Enamórate de alguien que entienda tus malos humores. Que se anime a compartir silencios, que se haga cómplice de miradas y una que otra mueca de adolescente.

Alguien con quien puedas charlar por horas sin aburrirte.

Enamórate de alguien que te respete, que te acepte y que te adore; alguien que quiera ser por ti y por sí mismo. Alguien que quiera ser por ambos y por los hijos que vendrán, si llegan.


Enamórate de alguien que despierte tu admiración, que te haga sentir orgulloso.

Alguien que no se te imponga ni sepa de la soberbia.

Uno que no piense que lo sabe todo ni que actúe como tal.

Enamórate de alguien que no te haga sentir inferior.

Enamórate de alguien que te haga sentir especial.

Enamórate de alguien que viva y predique valores similares a los tuyos.


Porque la belleza física se esfuma.

La tersura de la piel se desvanece.

El dinero se gasta.

Los amigos se apartan y los hijos se van.

Y cuando todo esto ocurre, solo quedan la experiencia, los silencios, la admiración y los temas de conversación.

Cuando todo lo demás se agota, incluida la pasión loca de la carne, queda el mirarse a los ojos, quedan los proyectos logrados más otros nuevos.  Queda el compañero o la compañera, entonces viene un tiempo con cara de oportunidad para vivir un amor distinto, teniendo como base el respeto, la valoración, la admiración y la comunión de valores. Y un amor sustentado sobre esta base, es un amor que se va renovando en cada temporada de la vida.


© Derechos de Autor Gnosis Rivera.-

 

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Poema: Amado

  • 5 febrero, 2015
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Amado

Ven amor mío, ven a mí!
toma de lo que soy…
mi boca está servida!
en ella está el almíbar que mojará tu saliva…
penétrame lentamente con tu lengua
en beso irreverente y poseso!



Se conmigo carne y cuerpo,
llama y fuego,
incendio de caricia y eros!
melcocha caliente que erosiona de placer
la timidez del anhelo!

¿Y dónde está lo supremo…?
si en tu piel, extasiada de sexo
o en mi aliento, enervado de deseo… ¿?
si acaso sirve saberlo…!
ya no sé dónde empieza mi carne
y dónde termina tu cuerpo!

Ven a mi… soy lienzo, que blanco,
anhela un dibujo tuyo…
ahí en mi vientre desteñido!
siembra garabatos de colores,
siémbrame una herencia…!
con tu brocha de deseos crudos,
hazme un coito de promesas…

Se conmigo ron y veneno
hazme supurar vergüenza de mis poros!
vergüenza de recibirte tantas veces!
una y otra vez…
como loca sin quicio!

..Ven a mí, amado mío,
se mi abrazo, se mi gozo,
se mi amante y mi esclavo…
yo seré tu compañía,
seré por ti la locura,
seré fragancia y espuma.
Seré tuya, solo tuya!

© Derechos de Autor Gnosis Rivera.-

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Poema: Tu historia

  • 3 febrero, 2015
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Imagen de Andrew Salgado

En cada arruga de tu rostro puedo adivinar historias.
Cuéntamelas!…quiero conocerlas todas.
Déjame conocerte. Me abro a ti y te escucho con atención. 
Saboreo cada letra que sale de tus labios en voz e historia. 
Me aprendo el movimiento de tu boca mientras tu experiencia va tomando forma de palabra. 
Veo el brillo de tu mirada.  
Por momentos se te escapa una ilusión infantil que ha permanecido intacta.  
Veo el dolor y las empresas inconclusas.  Los capítulos abiertos. 

Las palabras no dichas…

Tengo todo el tiempo para escucharte. 
Si lo dejara de tener, fabricaré relojes con mis manos y haré más horas, solo para nosotros, solo para seguir escuchándote.

Puedo ver como la esperanza sale disparada en tus gestos, en forma de chispazos divertidos. 

Ella, la esperanza, ha estado ahí siempre, 
aunque te resistas a creerlo.  
En algún momento del camino te compraste la idea de que todo estaba perdido, pero es mentira 
y deberás descubrir que todo apenas empieza. 

No creas que te sabes todos los colores.  No!

Yo misma tengo tonos que nunca viste y yo misma 
vi en tu rostro tonos que me cegaron, destellantes.  
Entre el tabaco y el café, 
mi boca conoció tonos tierras maravillosos. 
Te los devolví con ribetes dorados!  
No.  Esto apenas empieza. 
¿Ya te conté de los relojes? atrásalos o adelántalos a tu gusto.  
De igual modo el tiempo de escucharte está ahí.  
Ya te seleccioné con cuidado las horas y los minutos, para escuchar tus historias. 
Y cuando no puedas articular palabra, entonces, cuéntamela con las manos. Que tus dedos sean la tinta. Te presto mi piel para que siembres la palabra y que crezcan los amores.
 
© Derechos de Autor Gnosis Rivera.-





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