Bienestar

Probablemente estás trabajando demasiado

  • 2 enero, 2015
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Decir no es difícil. Decirse que no a una misma lo es más todavía. Es lo que les pasa a las personas con muchas aptitudes, y con tanta disposición y energía que se ven involucradas en más actividades y trabajos de los que pueden hacer en realidad.

Una comete el error de creerse súper-humana. De creerse que puede más que los demás, de creer que tener tiempo libre sería aburrido o tiempo perdido. Una comete el error de creer que lo que sea que se sacrifique por el trabajo, la carrera y las responsabilidades, no es tan importante cómo llegar a la meta.

Tiene sentido; las cosas que valen la pena requerirán sacrificios, trabajo duro y dedicación. Aprovechar el tiempo es un ejercicio de disciplina y un garante de buenos resultados. Pero hay que saber que sí hay tal cosa como sacrificar cosas de más, y que se puede hablar de trabajar demasiado. Hay que saber que ‘soltar’ no es rendirse, sino enfocarse.



Hay que saber que hay cosas que no se comprometen, que no se sacrifican:

Cosas como tu salud: tienes que estar viva para seguir trabajando, tienes que dormir para despertar al día siguiente y ser productiva.

Cosas como tiempo para ti misma: ¿qué estás haciendo con los frutos de tu trabajo si no los disfrutas?

Cosas como tus relaciones y vida familiar: el camino a la cima es espinoso, difícil, solitario y eterno; a menos que vayas acompañada (no solamente de una pareja).

Cosas como hacer bien lo que de verdad amas: si todo lo que haces “pudiera haber quedado mejor si hubieras tenido más tiempo”, o “si no estuvieras tan cansada”, es tiempo de hacer menos para rendir más.

Cosas como tu bienestar emocional: si te sientes injustamente menospreciada, poco valorada o no tomada en cuenta en uno de los sitios donde trabajas/participas/colaboras, a pesar de que has hablado de cómo te sientes, no estás obligada a martirizarte y sentir que debes ganar a la fuerza el respeto de tus compañeros/as y/o jefes. Renunciar no es perder la batalla.

Cosas como no poder hacer lo que sea que preferirías estar haciendo en este momento: a algunas les funciona dormir cuatro horas al día, a otras abstenerse de interacciones sociales. Algunas aman trabajar más que comer a las horas recomendadas, y algunas sacrifican lavarse el pelo para terminar el reporte anual a tiempo. Está todo bien si funciona. 

Pero si todas las veces que piensas en cosas que te gustaría hacer, las dejas para cuando “las cosas estén más calmadas”, o si te sientes culpable de tomar dos horas libres luego de trabajar 12 horas, probablemente estás trabajando demasiado.

Conmigo

Mudarte sola: ¿lista para salir de la burbuja?

  • 27 mayo, 2014
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mudarmesola

Tomar la decisión de mudarnos sola no debe surgir luego de una pelea entre hermanas o con nuestros padres, y mucho menos un capricho. Se requiere de mucho compromiso contigo misma, pues se trata de hacer de un nuevo espacio tu hogar. 

Viviana (23 años), vive en un apartamento alquilado, el cual paga con ayuda de sus padres. Pero nos cuenta que de igual manera es caro y que su presupuesto ronda por los 25 mil pesos dominicanos. «Me mudé para tener mi propio espacio, además, desde pequeña he sido muy independiente».

Pero eso no quita que sintamos un ‘susto’ antes de hacer maletas. «Te haces varias preguntas relacionadas con la seguridad y el dinero, pero si eres organizada esos miedos pasan». 



Vivir sola te da la facilidad de tener más libertad, te permitirás hacer esas actividades que quizás en la sala de tus padres no harías. Sin embargo, los principios que hayas adquirido en tu primer hogar se verán reflejados en este nuevo espacio. Por ejemplo, el trato con tu pareja. «Pasamos tiempo como cualquier relación donde la hija viva con sus padres», confirmó Viviana. Tampoco contemplan el hecho de hacer un lugar en su clóset para compartirlo con su pareja. «Preferimos la boda por nuestras creencias religiosas».

Ventajas de vivir sola

Violeta, con 25 años, vino de Puerto Plata a Santo Domingo a estudiar y luego a trabajar. Primero vivió en una habitación, pero al no sentirse tan independiente como quería, se mudó sola a un apartamento hasta los 27 años. Y nos dice las ventajas de esta experiencia:

– «El no tener que rendir cuentas».

– «Estoy más desinhibida. Ando por toda la casa desnuda».

– «Aunque al principio te sientes sola, te acostumbras con el tiempo».

– «Puedes improvisar ‘juntaderas’ con tus amigos».

Pero tiene sus desventajas:

– «Cuando se daña algo, no hay quien lo haga por ti. «Una vez no había agua en la cisterna y tuve que bañarme con una cubeta. Pero no quedó ahí. Cuando regresé en la noche, dejé el grifo abierto, el agua había llegado y se me inundó todo el apartamento. Si alguien hubiera estado en casa, no pasa».

– «A veces me siento sola». ¿Qué hace en ese caso? «Al principio salía. Me iba para la Zona Colonial y allá me encontraba con mis amigos».

Violeta, en la actualidad tiene 30 años y vive con su novio desde hace tres años. Cuando escuchó la pregunta de que si se casaría, aunque ya esté en la etapa de convivencia, dice que sí lo haría «pero no por los papeles, sino por el romance y la ceremonia en sí». Una viene desde su hogar con esa ilusión y le gustaría vivirla.

Asimismo como la familia te crea una fantasía de una boda tradicional y te enseña esos valores que hacen que ‘siempre tengan la razón’, también existen conflictos entre padre/madre e hijo/hija que motivan a que una ‘salga de la burbuja’.

«Puedes tener tus propias reglas y no las de tu papá y tu mamá», nos dice Valeria (23). Sin embargo, el no tener un buen respaldo económico la frena, al igual que Vilma (23) y Verónica (25).

Otras como Victoria (24) también pensaron mudarse en algún momento por problemas familiares, pero prefirieron quedarse y mejorar la relación. 

Mudarte sola no es una decisión que se da por un acto de rebeldía y ya. Una buena organización, un buen ingreso y disciplina son los factores que te ayudarán a vivir el mundo real con esta gran responsabilidad que exige el vivir ‘fuera de la burbuja’. 

*Todos los nombres son ficticios (excepto Virginia) por petición de las fuentes.



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