Bienestar

Miedo al compromiso: ¿Excusa barata (mito) o un problema de nuestra generación (realidad)?

Por Revestida

  • 8 agosto, 2020
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Tener citas en pleno 2020 ya se ha vuelto un reto olímpico, hay que decirlo, y formalizar una relación ya es más complicado que entender la serie de Netflix “Dark” a la primera. Mejor ni profundizar ahí.

Continuando con nuestra serie #DiccionarioSigloXXI de términos que debes conocer en el mundillo de las citas amorosas, hoy te traemos “Tuning”, una actitud/comportamiento que fue rebautizado. Ocasionalmente se le conoce como “síndrome de la isla”, y no, no tiene que ver con que vivamos en una isla, porque popularmente se conoce como miedo al compromiso. Así de simple.

Ya es una realidad. Cada vez hay más personas que proclaman que es mejor estar “soltero”, no está confirmado si se debe a las canciones de Bad Bunny “estar soltera está de moda” o “Yo $%@ sola”, pero en la República Dominicana, el promedio de individuos por hogar en los últimos años ha mostrado una tendencia a disminuir, de acuerdo con la Oficina Nacional de Estadística (ONE), que muestra un aumento del número de personas que viven solas.

Para conocer una posible razón, más concretamente acerca del “miedo al compromiso” (sin con eso afirmar que quien vive solo lo tiene !nunca!), conversamos con Mayra Adames Henríquez, psicóloga y terapeuta familiar, con algo más de 25 años trabajando con parejas, con Karla Veras, Msc, psicoterapeuta y con la Lic. Karem N. González Cabral, psicóloga clínica.

Miedo al compromiso, síndrome de la isla, filofobia, tuning, “no eres tú, soy yo”, etc

Empecemos por definir el problema, aceptar que tenemos uno es el primer paso para superarlo.

Cuando nos referimos a cualquiera de estos términos, hablamos, básicamente, del cobarde amoroso, esa persona que tiene miedo de sus sentimientos, de comprometerse emocionalmente y aprovecha cualquier escudo para protegerse, ya sea desapareciendo después de haber tenido varias citas o mostrándose cada vez más frío en las conversaciones por WhatsApp.



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Las expertas coinciden en sus respuestas, más que una excusa barata del tipo “no eres tú, soy yo”, el miedo al compromiso es real.

Porque sí, como revela Mayra Adames Henríquez, este “miedo al compromiso” podría usarse en determinado momento como una excusa cuando se quiere terminar una relación. Pero ojo, porque en la mayoría de las veces, para quien realmente lo tiene, no es un proceso consciente. “La persona que no tiene conocimiento de qué es lo que le sucede, es porque presentan este miedo”, explica Karla Veras.

Esa podría ser una de las razones por la cual se ven muchos patrones de relaciones inestables y auto-sabotajes inconscientes. “El miedo al compromiso, así como la evitación a la intimidad son fenómenos reales derivados de sistemas disfuncionales de apego en los que la persona ha aprendido que confiar demasiado “es malo”, y las personas siempre se terminan yendo”, amplía la Lic. Karem González.

Es decir, quizá quien nunca se haya planteado cuando decide dejar a su pareja, puede que le sorprenda que sus relaciones nunca lleguen a estabilizarse cuando en su entorno todos se emparejen y construyen vidas duraderas en común. Esto puede deberse a lo que llamamos “apegos evitativos o apegos ansiosos”, de lo cual hablamos en “Citas online: lo que tienes que saber antes de intentarlo, de nuevo«.

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Como continúa explicando Adames Henríquez, lo primero que debemos tener claro es que el miedo es una emoción, esta surge espontáneamente cuando nos sentimos en peligro. “Cuando lo extrapolamos al compromiso debemos vincularlo a la inseguridad. De ahí que podemos definirlo como una condición psicológica basada en la sensación de temor e inseguridad que nos demanda una respuesta que excede nuestra capacidad de afrontamiento en ese momento”. Esto crea una particular sensación de “asfixia” en sus relaciones interpersonales, añade González.

Pero, ¿cómo se desarrolla este miedo al compromiso?

Tanto González como Veras coinciden en que esto puede originarse en experiencias previas que hayan sido frustrantes o frustradas, una mala relación con sus padres o figuras parentales, la exposición al abandono o trauma en nuestra historia de vida y las cosas que influyen en la misma, como estilo de crianza, etc. Pero ojo, porque nuestra propia interpretación de los sucesos pueden tener hasta un mayor impacto que el suceso en sí.

Adames Henríquez nos resalta lo anterior, explicando que las características que vemos desarrolladas en los adultos, son el resultado del cúmulo de experiencias en la niñez, y la manera en que esa persona vivió una de sus necesidades primarias, que fue el sentido de pertenencia, es decir, si creó conciencia de que era parte de un grupo particular. Eso define si la persona desde niño aprendió a vincularse emocionalmente o no. Desde allí se puede desarrollar el miedo al compromiso.

No dejó por fuera otra forma para desarrollar el miedo al compromiso, que es la que viene dada por un recuerdo negativo de la primera, o experiencias previas, de enamoramiento. “Es entonces cuando la persona tiende a ser cautelosa en extremo, pone distancia emocional si siente que se está vinculando, piensa de manera pesimista, muestra torpeza para expresarse, entre otros comportamientos”.

A partir de ese momento se puede desarrollar un miedo a ser rechazado, por lo que aporta en la relación, algo que explica va de la mano con la autoestima, donde si la persona no se considera valiosa puede aportar conflictos y victimismo. “Otro miedo es a ser lastimado por lo que la otra persona le puede hacer cuando le abra su corazón, porque allí queda vulnerable”. También destacó que hay personas que solo tienen miedo al compromiso porque temen ser abandonados. “En este caso el miedo al abandono no les permite comprometerse, y a partir de esas experiencias se puede desarrollar el miedo al fracaso”.

Pero lo único que debemos tener claro, como explicó Karla Veras es que “el miedo es miedo”. Al final no importa tanto a lo que le temamos, seguirá siendo temor. La diferencia más bien está en de dónde viene ese miedo, qué lo alimenta y cómo se desarrolló. Todas estas son cosas que podemos aprender en terapia.

Si crees que no es tu caso, tengo para decirte…

“El individuo sabe pero no sabe, qué tanto”, señala la Lic. Karem González. Es decir que podrá reconocer sus características, pero conscientemente no mide ni es conocedor de las consecuencias de sus decisiones en las relaciones como cancelar planes a último minuto, solo estar presentes para los problemas y no para divertirse, evitar tomar llamadas telefónicas, barajar planes, o presionar a los demás para ser incluidos… Todos son ejemplos del temor al compromiso y luego sufren sobremanera el abandono del que tanto huyen.

Veras agrega algo más, “hay personas que sí son conscientes de esta parte de su vida emocional, y muchas veces esto es más complicado porque aun teniendo este conocimiento no poseen las herramientas para accionar sobre esto de una manera satisfactoria”.

Las expertas nos explican que este miedo se puede manifestar con inseguridad, incertidumbre, miedo a fracasar en la relación, a no elegir la persona adecuada, quedarse soltero para siempre, y muchas veces se alimenta de creencias base negativas que tenemos sobre nosotros mismos como por ejemplo el no ser suficiente, o nunca sentirse satisfecha.

En resumen, te aburre. Lo que antes parecía dulce ahora provoca nervios. Sus chistes ya no hacen la misma gracia. Pero hasta hace muy poco todo era hermoso.

Pero tranquilas, todo tiene solución, nos hacen saber, porque como dice Mayra “cuando algo no tiene solución deja de ser un problema”, las soluciones están ahí, depende de nosotros encontrarlas.

La persona que tiene miedo al compromiso primero debe asumirlo, determinar dónde y en qué tiempo acogió ese miedo, frente a qué o quiénes y luego devolverlo. “Si lo tomaste cuando eras niño, debes reflejarte ahora, ya eres un adulto. Aquí estamos hablando de hipnoterapia, también es efectiva la terapia cognitivo-conductual para ayudarle a cambiar los niveles de pensamiento”. El miedo es una emoción y puedes manejarla cuando te haces consciente.

Karla agrega que el miedo, como todas las emociones, tiene su función y lugar. Lo importante es saber vivir con esto, entenderlo y manejarlo a través de herramientas sanas. “Un cierto nivel de compromiso siempre es necesario, compromiso con nosotros mismos, nuestra comunidad/sociedad y relaciones. La clave es saber con cuál nivel de compromiso estamos cómodos (que sea sano y funcional), por qué es esto y qué hacer al respecto. Ya sea trabajarlo o aceptarlo. Obviamente dando espacio al cambio, tanto en nosotros mismos como en nuestro entorno”.

Así que quizás vale la pena prestarle atención sobre todo a que los une más que a que los diferencia. De esta manera podemos obtener más información sobre estos fenómenos.

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